De ataúdes individuales a momias apiladas: una tumba de Tebas muestra cómo cambiaron los entierros del Antiguo Egipto
Una cámara funeraria de Tebas conserva cuerpos de distintas épocas y muestra cómo los ataúdes fueron dejando paso a momias superpuestas
Siglos de cambios en los entierros egipcios han quedado registrados dentro de una misma tumba de Tebas. Al principio, los difuntos eran enterrados individualmente en ataúdes elaborados, pero el espacio fue reutilizándose hasta albergar nuevas momias colocadas unas sobre otras. Esa transformación permite seguir cómo fueron cambiando los rituales funerarios del Antiguo Egipto.
Según recoge Ars Technica, los arqueólogos han reconstruido la historia de una cámara lateral de la Tumba Tebana 209, situada en la necrópolis occidental de Tebas. Una tumba utilizada durante varios siglos, desde la Dinastía 25, en el siglo VIII a.C., hasta época ptolemaica, fue dejando distintas formas de organizar y preparar los enterramientos.
Cuando los ataúdes dejaron de organizar la tumba
Los primeros cuerpos pertenecían, según los investigadores, a personas de posición social elevada. Entierros antiguos con ataúdes y objetos costosos reunían amuletos, redes funerarias y ánforas fenicias. La tumba faraónica excavada en Abydos, con piedra caliza, ladrillos revocados y pinturas, recuerda que los enterramientos egipcios también variaban según la época, la región y el rango del difunto.
Con los años, sin embargo, los ataúdes fueron desapareciendo y la cámara empezó a aprovecharse de otra manera. Momias colocadas unas sobre otras ocuparon el espacio que quedaba disponible, adaptándose a los cuerpos anteriores. También cambió la posición de los brazos, extendidos en los entierros más antiguos y plegados en los que llegaron después.
Eso no significa que los nuevos cuerpos se colocaran sin orden. Jared Carballo-Pérez, uno de los investigadores, explica que la organización respetaba los cuerpos anteriores y seguía una lógica espacial concreta. En sus palabras, “cada nuevo enterramiento se adaptaba a la presencia de cuerpos anteriores”, en lugar de borrar lo que ya había dentro de la cámara.
Miguel Ángel Molinero Polo añade otro detalle: aunque los ataúdes desaparecieron, la momificación seguía haciéndose con cuidado. “Los cuerpos enterrados en superposición vertical no tenían ataúdes, pero estaban cuidadosamente momificados”, explica. Además, algunos aparecían junto a recipientes colocados de pie, relacionados con un ritual que no se veía durante las primeras etapas.
Una misma tumba podía utilizarse durante generaciones
La cámara estudiada contenía 16 personas momificadas y 1.444 huesos, además de otra zona con 1.775 fragmentos óseos pertenecientes al menos a cuatro individuos más. También apareció un perro momificado. Entierros de distintas épocas en un mismo espacio acabaron convirtiendo la tumba en un registro acumulado de varios siglos de historia funeraria.
Reconstruir esa historia tampoco ha sido fácil. La tumba se encuentra dentro de un canal de drenaje del Wadi Hatasun y sufrió inundaciones repentinas durante siglos, capaces de mover sedimentos y restos. Los arqueólogos se centraron en una cámara lateral porque era una de las zonas relativamente mejor conservadas y permitía distinguir con más claridad cada etapa.
El caso, además, no parece excepcional. Aproximadamente el 80 % de las tumbas tebanas del primer milenio a.C. contienen restos de distintas épocas y materiales asociados a prácticas funerarias diferentes. La reutilización de tumbas era habitual en Tebas, por lo que lo encontrado en esta cámara encaja con una costumbre mucho más extendida de lo que podría parecer.
Ese patrón también ayuda a entender que los entierros egipcios no fueron iguales durante siglos ni en todo el país. Como muestran las tumbas de hace unos 5.000 años, las formas de enterrar fueron evolucionando con el tiempo, tanto en la arquitectura de las tumbas como en la manera de organizar a los difuntos.
La Tumba Tebana 209 permite ver esa evolución dentro de un único espacio. Menos importancia del ataúd, pero no del ritual: los nuevos cuerpos siguieron momificándose con cuidado aunque ya no tuvieran un féretro propio. En lugar de abandonar la cámara cuando se llenó, quienes la utilizaron después fueron adaptando cada entierro a los que ya estaban allí.
Fuente: larazon.









