IMPORTANTE: Esta crítica NO contiene Spoilers (pero si no quieres saber absolutamente ningún detalle del film, lógicamente no sigas leyendo).

La saga de Piratas del Caribe comenzó como una refrescante propuesta y agradable sorpresa allá por 2003 y fue derivando, con el paso de los años, en productos cada vez más repetitivos, más mediocres, menos agudos y con un Jack Sparrow que terminaba por saturar en tramas cada vez más flojas.

De hecho, En el fin del mundo (2007) y El cofre del hombre muerto (2006), las dos secuelas posteriores a la primera, eran algo inferiores a la original: La maldición de la Perla Negra (2003) y se notaba cierta premura en realizarlas para sacar rédito a una saga exitosa que acababa prácticamente de arrancar. La productora de Jerry Bruckheimer Films no estaba dispuesta a olvidar a estos personajes porque funcionaban en taquilla.

Eran los capítulos 2 y 3 de una franquicia que daba múltiples saltos y opciones a las aventuras que confluían en torno al personaje de Johnny Depp convertido y mimetizado en Sparrow, héroe e icono de la saga.