Dangun: Mito coreano de la creación
Hemos acudido a diferentes mitologías del mundo para reconocer cómo cada cultura es autoconsciente de sí misma a través de sus primeros escritos, en particular observando el modo en que describen sus propios orígenes.
Estos mitos y leyendas, que no son más que una forma en que un pueblo se interpreta a sí mismo, nos permiten esbozar algo de su cultura, sus grandes preocupaciones y sus ideales; no obstante, también descubrimos una historia cósmica universal que se repite con distintos nombres.
Así la cosmogénesis es una sola, reinterpretada y adaptada por los poetas de determinada región y época. Ya sea que hablemos de sumerios, egipcios, japoneses, latinoamericanos o sajones. En esta entrada continuamos escarbando el tema de la creación, esta vez nos desplazamos a algunos textos para rastrear la génesis del pueblo coreano.
Está escrito en el Wei Shu.
Hace dos mil años, hubo un hombre llamado Dangun Wanggeom. Él estableció su capital en Asadal y fundó la nación llamada Joseon. Esto ocurrió durante la época del Emperador Yao (uno de los Tres Augustos y Cinco Emperadores de la mitología china).
Está escrito en el Dangun Gogi.
En los tiempos antiguos, Hwanin tuvo un hijo de una concubina llamado Hwanung. Él deseaba descender del Cielo y poseer el mundo de los hombres. Su padre, dándose cuenta de las intenciones de su hijo, descendió a las tres grandes montañas y vio que la humanidad podría beneficiarse de ello. Así pues, le dio a su hijo tres tesoros celestiales y le ordenó que fuera y gobernara sobre la humanidad.
Llevando consigo tres mil espíritus, Hwanung descendió hasta la cima del monte Taebaek, junto al árbol del Altar Sagrado. Este lugar fue llamado la Ciudad Sagrada y él fue conocido como el Principe Celestial Hwanung.
Junto con el Conde del Viento, el Maestro de la Lluvia, y el maestro de las Nubes, Hwanung supervisó la agricultura, la preservación de la vida, la cura de las enfermedades, los castigos, las diferencias entre el bien y el mal, y todos los otros trescientos sesenta tipos de desarrollos para la humanidad.
En aquel tiempo, había un oso y un tigre que vivían juntos en una cueva. Constantemente le hacían peticiones a Hwanung para que les convirtiera en personas. Entonces, el Principe Celestial les dio un poco de Ajenjo Sagrado y veinte ajos diciéndoles: «Si coméis esto y no veis la luz del sol durante cien días, podréis recibir una forma humana«. El tigre y el oso tomaron los alimentos y se los comieron. Ayunaron tres veces siete días. El oso consiguió el cuerpo humano, el tigre en cambio, no fue capaz de ayunar y no consiguió tener cuerpo humano.
El oso se convirtió en una mujer llamada Ungnyeo (literalmente «mujer osa»). Pero como no había nadie con quien pudiera casarse, iba diariamente bajo el árbol del altar para pedir un hijo. Entonces, Hwanung cambió su forma convirtiéndose en humano y se casó con ella. Ella quedó embarazada y dio a luz a un bebé que se llamó Dangun Wanggeom, en el quincuagésimo año del Emperador Yao, en el año del reino Gyeongin (probablemente durante el 2308 a de C.)
Dangun estableció una ciudad en Pyeongyang y llamó a su nación «Joseon». Más tarde, trasladó la ciudad a Asadal en el monte Baegak que era también conocido como Gunghol o Geummidal. Gobernó la nación durante 1500 años. El Rey Wu de Zhou, en el año de reino Chi-Mao (o Gimyo 1122 a de C.), le otorgó a Gija (ch. Jizi) el gobierno de Joseon. Dangun, entonces, se fue a la ciudad de Jangdang. Después, volvió a Asadal, donde se ocultó y se convirtió en el Dios de la Montaña. En ese momento, tenía 1908 años.
Los mitos coreanos son diversos y muy ricos en imágenes y símbolos, algunos de ellos tienen mayor aceptación popular dependiendo casi siempre de la fuente que lo origina. Cabe anotar que disfrutan de buen agrado los que carecen de la violencia usual en los mitos occidentales, una constante en los griegos, y que estos constituyen también una forma de élite a la vez que permiten suponer que la intervención de los dioses aquí determina no el caos o la frustración del destino humano, sino todo lo contrario: orden, claridad y progreso civil.
Fuente: diambulos.








