“El presidente tiene dos minutos para decidir el destino del planeta”: Kathryn Bigelow y el aterrador poder nuclear

Con ‘Una casa llena de dinamita’ , en cines este viernes 10 de octubre y disponible en Netflix a partir del 24, la oscarizada directora de cine confirma su habilidad extraordinaria a la hora generar en el espectador una ansiedad asfixiante mientras explora asuntos sociales y políticos urgentes

Mucho tiempo después del final de la Guerra Fría, cuando el desarme nuclear se convirtió en prioridad a nivel mundial, la destrucción total del planeta es mucho más factible de lo que era entonces, y a pesar de ello ninguneamos el riesgo de aniquilación global.

“Yo crecí en una época en la que el protocolo estándar para sobrevivir a una bomba era esconderse debajo del pupitre de la escuela”, recuerda Kathryn Bigelow. “Aquello era absurdo, claro, pero al menos entonces existía cierta conciencia del peligro atómico. Hoy, hemos normalizado la convivencia con esas armas, y eso es lo que he querido confrontar”.

La primera ficción que la directora estadounidense estrena en ocho años confirma su interés inagotable en el complejo militar industrial de su país. Si en ‘En tierra hostil’ (2008) -ganadora del Óscar en seis categorías, entre ellas Mejor Película y Mejor Dirección- exploró el coste psicológico que pagan quienes se dedican a desactivar bombas en zonas de guerra, y en ‘La noche más oscura’ (2012) recreó los esfuerzos que exigió la cacería de Osama Bin Laden, en ‘Una casa llena de dinamita’ se adentra en los centros de poder de Washington para retratar un mundo al borde del colapso nuclear.

“Vivimos, de verdad, en una casa llena de dinamita”, advierte Bigelow. “Actualmente se calcula que nueve países se reparten 12.000 ojivas nucleares activas capaces de destruir varios planetas como el nuestro, y la cifra podría ser mayor. Se supone que son armas defensivas pero, ¿desde cuándo destruir el mundo es un buen método defensivo?”.

El protagonismo de la nueva película recae principalmente sobre un misil que se dirige hacia Estados Unidos y tiene previsto destruir la ciudad de Chicago y alrededores en solo 18 minutos. El sistema de defensa no logra detener el avance del artefacto, cuyo impacto podría acabar con al menos 20 millones de vidas.

Tanto Rusia como China niegan ser los agresores. ¿Y si el ataque procede de Corea del Norte, o de Irán, o de Pakistán? ¿Acaso todos esos países se han aliado contra Occidente? Bigelow repasa ese breve periodo de tiempo en tres ocasiones, y nos sumerge en un agónico proceso de toma de decisiones bajo presión desde tres perspectivas diferentes: la de un grupo de expertos de la Casa Blanca, la del alto mando del Pentágono y, por último, la del presidente del país. Todos esos frentes se ven paralizados por las dudas y la confusión sobre cómo responder a la agresión.

Lanzar otro misil podría desencadenar una escalada catastrófica, pero no hacer nada podría invitar a nuevos ataques. “Resulta aterrador el poco tiempo que transcurre entre el lanzamiento de un misil y su impacto”, opina la directora. “Y la jerarquía en la toma de decisiones significa que el presidente tendría apenas dos o tres minutos para decidir el destino de su población, y el del mundo”.

Fuente: elperiodico.

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