La generosidad libera al hombre de la idea de querer siempre más

“Hay quienes poseen poco y lo dan todo. Estos son los que creen en la vida y en su generosidad, y su cofre jamás sé vera vacío”, escribió alguna vez el poeta Kahlil Gibran, poeta, pintor, novelista y ensayista libanés.

La generosidad hace bien a todos; al generoso porque comparte y a los demás porque obtienen algo valioso, que valioso es lo que no se tiene. Y no fijamos el punto solamente en lo económico. Hay cosas mucho más valiosas que el dinero que quien es generoso da a cada momento.

Es que más allá del acto generoso de por sí, se está demostrando desarrollo de cierta sensibilidad que hace que la persona esté dispuesta compartir lo más preciado, que es la persona misma.

Es posible ser generoso con pequeñas acciones día a día. Su práctica va abriendo el corazón poco a poco, y se descubre que jamás hay pérdida. Lo que se logra es fortalecerse, superando el temor de ser vulnerables. La práctica de la generosidad ejercita al corazón: cuanto más se comparte, más se fortalece.

Cada uno tiene algo para compartir. La generosidad es una virtud que eleva a la persona, le permite situarse en el lugar del otro y comprender, en un instante, qué debe compartir con cada quien y en qué momento hacerlo.

La generosidad es un estado de la mente, una manera de ver el mundo, pero es prudente antes de compartir con otros, aprender a ser generoso son uno mismo, porque de esta manera será posible liberarse de la idea de querer tener siempre más.

Fuente: chajarialdia.

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