¿Por qué envejece nuestro cuerpo?
Canas en el pelo, pérdida de memoria, arrugas, descalcificación de los huesos… Tarde o temprano (si somos afortunados) todos y cada uno de nosotros envejecemos. La ciencia explica que no existe una auténtica razón evolutiva para envejecer, así que ¿por qué lo hacemos?
El proceso de envejecimiento
Los investigadores no se ponen de acuerdo sobre cuáles son las causas del envejecimiento. Algunos aseguran que nuestros genes están programados para deteriorarse, decaer y morir. Otros investigadores creen que la acumulación de daños es la auténtica razón de que envejezcamos. Para añadir más confusión a la cuestión, hay quien asegura que el proceso de envejecimiento se debe a varios factores combinados.
Daño celular
En 1882, el biólogo August Weismann propuso por primera vez los fundamentos de la teoría del daño celular. Según Weismann, el organismo sucumbe debido a daños por desgaste.
Un nutrido grupo de investigadores actuales trabaja sobre esta idea explorando aspectos fisiológicos concretos para tratar de revelar dónde y cómo ocurre exactamente este daño por desgaste.
Daño en el ADN mitocondrial
Esta teoría se centra en el daño que sufre el ADN a lo largo de la vida.
El ADN Mitocondrial, ADNmt, o ADNm muta más rápido que el ADN en el núcleo celular, así que el ADNmt crea más radicales libres, que se cree que son los causantes del envejecimiento. Las mitocondrias (que son los generadores de energía de las células) trabajan más duro cuanto más combustible (nutrientes) tengan a su disposición. Por contra, cuanto menos come el organismo, menos radicales libres se generan. A resultas de esto, algunos investigadores opinan que limitar la ingesta de calorías puede retrasar el envejecimiento.
Otros científicos se muestran más cautos en lo que respecta a esta idea de restringir la ingesta de calorías.
Los detractores de esta idea hacen notar, además, que aunque esta extensión de la esperanza de vida se ha podido constatar en ratones, podría no ser aplicable a grandes mamíferos como el ser humano que podrían no contar con estos mecanismos al estár más capacitados para emigrar en caso de un descenso en la cantidad de alimentos de una zona.
Sea como fuere, al menos hay un estudio que asegura que las personas que mantienen una dieta hipocalórica reducen los niveles de colesterol en sangre, el nivel de insulina, y el riesgo de arterioesclerosis. Estas tres condiciones están relacionadas con el envejecimiento.
Enlaces cruzados en las proteínas
Otra rama de las investigaciones en torno al proceso de envejecimiento se centra en los enlaces cruzados, un proceso por el que las proteínas dañadas u obsoletas que deberían ser destruidas por las enzimas (proteasas), se protegen de esa destrucción uniéndose de manera irregular. Esas uniones las permiten perdurar, pero causan problemas. Con el tiempo:
Una acumulación de enlaces cruzados en proteínas daña las células y los tejidos, ralentizando los procesos del organismo.
Este fenómeno ha sido asociado al menos con un signo del envejecimiento, y se ha implicado en otro:
Escrito en el código genético
Existen numerosas teorías que estudian los mapas de nuestro código genético porque creen que, a nivel celular, estamos programados para la obsolescencia.
Longevidad programada
Muchos investigadores defienden la teoría de que “el envejecimiento es el resultado de una activación o desactivación en secuencia de ciertos genes, y que la senectud (la edad avanzada) es el momento en el que se manifiestan diversos déficits asociados a la edad.”
Para dar soporte a esa teoría, los investigadores han estudiado el envejecimiento con la ayuda del Caenorhabditis elegans:
El clásico nematodo de laboratorio es un pequeño gusano transparente que es muy fácil de modificar a nivel genético. Eso y su corta vida de apenas dos semanas ofrecen una perspectiva muy manejable de los procesos de envejecimiento.
En 1993, un grupo de investigadores descubrió que el C. Elegans dotado de una mutación específica vivía el doble que sus congéneres sin esa mutación. Esto llevó a un replanteamiento de la genética en el sentido de que un solo gen pueda regular tan drásticamente la vida de un organismo.
El gen era el daf-2, una proteína muy similar a nuestro propio receptor para la proteína insulina. Investigaciones posteriores revelaron que, al menos en los nematodos, este gen era de vital importancia.
Los tipos de genes que regula el daf-2 incluyen resistencia al estrés, desarrollo y metabolismo. Esto es significativo porque “estos genes codifican proteínas que extienden la vida al actuar como antioxidantes, regulando el metabolismo y ejerciendo una acción antibacteriana.
Teoría Endocrina
Otros investigadores se suman a una teoría que defiende que los genes que regulan el envejecimiento son portadores de “relojes biológico sque actúan a través de las hormonas para controlar el ritmo de envejecimiento mediante la señalización de insulina / IGF-1 (IIS)”. Esta señalización es significativa porque:
Según esta teoría, los individuos se adaptan a su entorno a nivel celular para asegurar la mejor supervivencia de la especie.
Cuando se dan unas condiciones adversas, las células se adaptan para elevar los niveles de resistencia al estrés, suprimir la inflamación de bajo nivel, y mejorar la biogénesis mitocondrial (aumentar la energía de las células).
En otras palabras, que en condiciones duras, la vida del organismo se extiende, al menos el tiempo suficiente para cumplir el imperativo biológico de reproducirse.
Teoría inmunológica
La tercera propuesta basada en el código genético para explicar el envejecimiento asegura que nuestro sistema inmune está programado para decaer con el tiempo, lo que aumenta nuestra vulnerabilidad a las enfermedades infecciosas, y por tanto al envejecimiento y la muerte.
Los defensores de esta teoría indican que “a medida que envejecemos, los anticuerpos pierden efectividad y el organismo cada vez combate menos enfermedades con la misma fuerza. Eso lleva a un aumento en el estrés celular y, eventualmente, a la muerte.”
Este argumento ha sido rebatido recientemente por un nuevo estudio que relaciona la mortalidad y la fertilidad a lo largo de 46 especies diferentes (incluyendo la nuestra). Según los interesantes resultados de ese estudio:
A diferencia del ser humano, algunas especies “muestran un comportamiento opuesto, haciéndose más fértiles y resistentes a medida que pasa el tiempo.” De hecho, hay tantas diferencias en el proceso de envejecimiento de diferentes especies que incluso en las que envejecen a nuestro ritmo, como el vencejo real, las hembras son más fértiles cuanto más longevas.
Fuente: gizmodo.








